viernes, 12 de diciembre de 2008

Martín Barrientos

 El quiosco de la suerte

 Cuando menos lo pensó, las situaciones de la vida se confabularon para que superara una adicción, encontrara estabilidad económica y conociera el amor.

  Cuando Martín Barrientos tenía 25 años se encontró con la solución a todos los problemas que lo aquejaban hasta ese momento. Había quedado cesante por ser al alcohólico. Su trabajo por más de seis años como basurero dejó de ser el sustento de su vida y adicción. Al mes de estar sin trabajo un golpe de fortuna tocó a su puerta. Un amigo suyo de infancia se iba a vivir fuera de Santiago. “Mi amigo me dijo que tenía un quiosco en el Golf, que si quería encargarme de él. Yo de inmediato acepté.”

De esta manera Martín inició su rehabilitación. Se dio cuenta de que no podía dejar que el alcohol controlara su vida. No podía arriesgarse a perder el trabajo que le cayó del cielo.

  Hoy, 20 años después, Martín es abstemio, bueno casi. “De vez en cuando me tomo unas copitas de vino para celebrar alguna fecha en especial, pero una no más.”

Su quiosco ubicado en San crescente con Apoquindo fue su salvataje económico, su solución al alcohol y su cupido. Y es que cinco años después de haber asumido el trabajo, encontró en una clienta a su futura esposa.  “De repente ella llegó al quisco y me compró cigarros. Así empezó una rutina de por lo menos  seis meses. Ella me compraba cigarros todos los días, y de a poco empezamos a hablar. De ahí la invité a salir y así partió todo”, afirma con una sonrisa picarona y cigarro en la mano.

Barrientos asegura que ahora es feliz. Le encanta relacionarse con las personas que van a comprarle cosas. Generalmente el estrato socioeconómico con el cual le toca lidiar diariamente es más acomodado que el suyo, sin embargo el no se hace problemas. “Yo no discrimino, hay gente cuica muy pesada, como también muy simpática, entonces yo lo único que hago, es tratar de vender con la mejor disposición.”

 

La llamada maldita

  Sin embargo, no todo ha sido positivo durante estos años que tanta prosperidad le trajeron. Cuando llevaba ocho años a cargo del quiosco algo inesperado sucedió. Un día sonó su teléfono con una llamada que le trajo más problemas de los que se pudo imaginar. “Me llamó el hermano de mi amigo que me pasó su quiosco. Resulta que tuvo un accidente y falleció. El hermano quería que yo le pasara el quiosco a él. Me amenazó mucho tiempo, me decía que me iba a quitar el negocio y que me iba a quedar botado en la calle. Me llamaba todos los días y yo no sabía que hacer, le pedía por favor que no me lo quitara. En esos días empecé a tener ataques de nervios y pensé en volver a tomar. Por suerte no lo hice, y de un día para otro dejó de llamar, hasta el día de hoy. No se que habrá pasado.”

  La vida de Martín ha estado marcada por la suerte. En los casos donde más problemas ha tenido,  de alguna manera la vida parece solucionarle todo. Él está conciente de eso. “Yo he tenido mucha suerte, la vida ha sido muy linda conmigo y espero que siempre sea así, no me puedo quejar”, afirma. Si bien la fortuna ha llenado los últimos 20 años de Martín, su buena voluntad y sus ganas de salir adelante han sido parte fundamental a la hora de tomar las decisiones que cambiaron su vida.

Muy familiar para una pena de amor

Campaña de prevención “Estee Lauder”


Por mujeres sin cáncer

Una de cada nueve mujeres padecerá cáncer de mama en Chile alguna vez en su vida.  Para que esta cifra disminuya Estee Lauder junto a la clínica Las Condes y el diario El Mercurio lanzaron la semana pasada la campaña para la prevención de esta enfermedad. Aquí los detalles  y una historia que recalca que la prevención y conciencia son los más importante a la hora de hablar de cáncer.

 

Es octubre, y al caminar por Apoquindo, se puede ver que unas cintas rosadas adornan los postes de luz. Más allá, otro poste, con un cartel. "Un mundo rosa, un mundo sin cáncer de mama". Así se da inicio al mes y campaña de prevención de cáncer de mama, en la comuna de Las Condes, impulsada por la empresa de cosméticos Estee Lauder, que ya lleva siete años, junto a la Clínica Las Condes,  en busca de conciencia, apoyo a la investigación , detección y curación del cáncer mamario.

 “El cáncer de mama consiste- explica el Doctor Rodrigo Riveros- en el crecimiento exagerado de células de genes mutados en la glándula mamaria. Con el paso de los años, la persona se hace más propensa a padecer de este cáncer, que también puede presentarse en los hombres.”

 

“Tenía tumores en todas las partes del cuerpo”

Juana Cuevas es de Pelequén, una pequeña localidad ubicada en la sexta región, muy cerca de Rancagua, sin embargo vive en Santiago. Va sagradamente a misa todos los días. “Se lo debo al señor”, porque hace trece años tuvo que vérselas con el cáncer cervicouterino, que con un duro tratamiento, mucho ayuda y Fe, pudo salir adelante. “Toda mi familia ha sufrido cáncer. Mi mamá y la mayoría de mis hermanos a sufrido alguna vez de esto”. Pero su hermana, Margarita,  no pudo contar lo mismo. “En el 2001 la Margarita se hizo los exámenes de prevención. Ella tenía 50 años y nunca se había hecho un examen preventivo. En ese momento hubo sospechas de cáncer, pero ella nunca lo tomó en cuenta”, dice su hermana.

Pasaron dos años, hasta que un seno inflamado la llevó rápidamente al médico. Esta vez el pronóstico no sería tan simple. Margarita tenía un cáncer de mama avanzado, que de haber sido tratado dos años antes, cuando se tenía registro que existían células malignas, el pronóstico habría sido diferente. “Tenía el cáncer ramificado por todo el cuerpo: pulmones, huesos, todo”, cuenta Juana mirando al suelo. “De porfiada no más no quiso afrontar la enfermedad”. Desde ese momento todo fue fulminante: operaciones y quimioterapias ya no tenían efectos en el débil cuerpo de Margarita, que cada día se debilitaba más. “Hubo un momento en que ya no se le podía tocar, tenía tumores en todas las partes del cuerpo”.

            Finalmente, Margarita murió en estado deplorable, con alucinaciones y un dolor muy grande. “Ella al final se rindió. Estaba en su cama, en Pelequén, alcanzó a despedirse de todos, y murió en mis brazos”, dice Juana mientras fuma un cigarro y una lágrima recorre su rostro.

  Las maneras de diagnosticar la enfermedad son con diferentes exámenes, tales como mamografía, resonancia magnética y tomografía, entre otras.

A lo que llaman los médicos, y el Doctor Riveros, es a la autoexploración y la creación de conciencia en la sociedad. “Si al verse al espejo nota que una mama es más grande que la otra, si hay menos movilidad de la mama al levantar brazos o la sensación de alguna especie de poroto en el área de la axila se debe pedir hora al médico de inmediato”.

La prevención con auto examen es lo más importante.

Actualmente en Chile, una de cada nueve mujeres desarrollará cáncer de mama en su vida, y representa la tercera enfermedad con mayor mortalidad, después del de vesícula biliar y gástrico. Lo que una campaña pueda hacer ayudará  a miles de mujeres de todas las edades a detectar y estar a alerta ante los posibles signos de cáncer, y así,  que cada día sean menos las mujeres que mueran por esta enfermedad por no saber como prevenirla.



Muy Familiar para una pena de amor

En las entrañas del barrio El golf, en una ambiente completamente diferente al de la semana, Andrea Riveros lloraba en un banco de Gertrudis Echeñique con Magdalena . Era un domingo de invierno, pero parecía plena primavera. Había bajado corriendo las escaleras del edificio de su ahora ex “amigo”. Porque nunca tuvieron un título, sólo una extraña atracción y cariño mutuo.

 Entre lágrimas y cansancio, llegó abajo sin poder entender lo que había pasado. Se sentó y lloró más. No entendía nada.

“Necesitaba sentarme sola a pesar un rato, tratar de digerir lo que había pasado”, dice mirando el suelo. Porque le habían dicho que ya no era lo mismo. Que él, después de ir a una fiesta, había quedado loco por otra mujer. El tiempo que habían invertido juntos rápidamente se hacia nada.

Mientras todo esto pasaba por su cabeza, un río de lágrimas se apoderaba de su rostro. Miró al frente, y vio que una familia se acercaba. Secó su cara, se puso de pie y caminó con disimulo. No se podía permitir que la vieran así.

Mientras caminaba sola por Isidora Goyenechea, Andrea se vio rodeada por los desolados restoranes que suelen estar abiertos durante la semana,  y que ese día estaban abandonados, esperando por su apertura del Lunes. Caminando sin rumbo, llegó a una plaza. Vio un cerro, el San Luis y decidió que ese sería su lugar para llorar su pena de amor. Atravesó la plaza, llena de niños que jugaban mientras sus papás los miraban a lo lejos. Y sintió las miradas encima, quizás de  desprecio o preocupación por los sollozos que se oían, lo que le generó más pena.

Cuando por fin dejó de sentir esas miradas, ya estaba llegando al cerro. Miró hacia arriba y enseguida supo que ese llanto que quería desatar en la cima, tendría que ser acallado nuevamente. Una pareja fotografiándose se puso en su camino y más adelante, unos ancianos caminaban de la mano. No quería ver parejas, sólo quería llorar, y recordar los momentos junto a su “algo”, y tratar de entender la traición. Porque el amor no se olvida de un día a otro, porque las palabras dichas y promesas hechas permanecían en ella, más no en él.  Andrea se había proyectado. “Yo sabía que no teníamos nada concreto, pero me gustaba y creía que podíamos estar juntos”.

Sin saber que hacer o a donde ir, se detuvo. Estaba en Apoquindo con Las Torcazas y mientras salía de la burbuja del barrio El golf que la envolvía, sintió más que durante todo el recorrido, el peso de la realidad. Se sentía mal y con rabia. Se dirigió hasta la estación de metro más próxima, Alcantara. Afuera, unos scouts se sacaban fotos, mientras observaban su rostro rojo por el llanto. Estaba abatida. Miró el suelo y bajó las escaleras, quizás ahí encontraba un poco de espacio para pensar. Pero no. Desde principio a fin El Golf no es un barrio para pasar una pena de amor.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Echemos un vistazo

Ubicado en la comuna de Las Condes, El Golf es uno de los barrios de la capital con mayor renombre. En sus inicios, parte como un barrio únicamente residencial que poco a poco comenzaba a ser poblado por la alta sociedad Santiaguina.
Circundado por una de las principales calles de Santiago, Apoquindo y rodeado por los cerros Navidad y San Luis, el barrio El Golf se desenvuelve en una dinámica de comercio y preservación de un sector con historia. Hoy, a diferencia de los años de inicio del barrio, encontramos una amplia gama de edificios de gran altura, que en su mayoría, aguardan oficinas. Las edificaciones son bastante diferentes entre sí, pero no quita la apacible armonía que se crea con las áreas verdes que lo rodean.
El Golf limita con Apoquindo, Vitacura, Américo Vespucio y Presidente Riesco y entre sus calles principales se encuentran Isidora Goyenechea, Renato Sanchéz, Don Carlos, Magdalena, Carmencita y Gertrudis Echeñique. El sello del barrio es que sus límites los marcan dos cerros, el San Luis y el Navidad.
Dentro las posibilidades que nos entrega el barrio en cuanto a comida, las ofertas son amplias. Desde el menú ejecutivo, para oficinistas de los alrededores hasta finos menús para disfrutar en pareja o en familia es lo que ofrecen restoranes como Tiramisú, Pinpilinpausha. También se encuentran cafés como “Starbucks” y “Natural y delicioso” o la tienda de “El mundo del vino”.

A fines del años pasado se demolió el edificio que albergó a la Ilustre municipalidad de Las Condes, construida en 1911 por Tomás Reyes y Pedro Mira. La razón es que la Municipalidad tiene contemplado la creación de un Centro cívico y Teatro Municipal, lo que, claramente, logrará incrementar el interés escultural dentro de la comuna.
A pesar de contar con varias maravillas, el barrio no ha estado exento de polémicas. Durante el año 2006 el alcalde de la comuna, Francisco De La Maza creó un plan para erradicar la prostitución de travestis en el sector. Así, se trató de cerrar El Golf a los que no fueran residentes y coartar el paso a la posible clientela. Sin embargo, el plan no se pudo llevar a cabo luego de que la Corte Suprema declara que la medida era inconstitucional y arbitraria. Es decir, el comercio sexual sigue en pie en el sector.
El otro conflicto que ha tenido el barrio es el de la poca cantidad de estacionamientos que existen. Los que hay, están entre calles pequeñas que obstruyen el paso fluido de los vehículos, lo que genera atochamientos en las horas punta. Es por esto que se crearon espacios para aparcamiento concesionados, uno de estos en la Plaza Perú y unos en construcción por Gertrudis Echenique.